Percepción del riesgo y tiempo de reacción: cómo anticiparte al volante
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- Percibir un riesgo es detectar lo que puede convertirse en peligro y anticiparte a ello.
- Tu tiempo de reacción puede cambiar: el cansancio, el sueño y otros factores influyen en tu respuesta.
- Respetar el límite no basta: necesitas poder detenerte en el espacio que ves y ante un obstáculo posible.
- Observa a los demás usuarios y prevé sus movimientos, especialmente cuando sean más vulnerables.
- Deja espacio para detenerte si el vehículo de delante frena de golpe, teniendo en cuenta también el agarre y el frenado.
Un autobús escolar parado y nadie delante de él: ¿reduces ya o esperas a ver a alguien?
Un autobús parado puede ocultar a alguien que está a punto de cruzar. Esperar a que esa persona aparezca delante de ti deja la decisión para más tarde. Aprender a percibir el riesgo consiste en reconocer esas pistas y actuar con antelación.
¿Qué puedes detectar antes de que aparezca el peligro?
Imagina que circulas por una calle. Delante no hay coches, pero una persona se acerca al borde de la acera mientras mira hacia el otro lado. Si observas únicamente el centro de tu carril, te falta parte de la situación.
El programa oficial habla de tres funciones: la percepción, la evaluación y la toma de decisiones. Primero detectas lo que ocurre. Luego valoras el peligro que puede traer. Después decides cómo actuar.
Aquí, la pista es la persona que se aproxima a la zona por donde circulas, aunque todavía no la haya ocupado.

La vigilancia incluye prever los movimientos de los demás, comprenderlos, advertir y evitar sorprenderlos o molestarlos. No consiste en adivinar con certeza qué hará cada persona: valoras lo que puede pasar y preparas una respuesta.
Mientras conduces, necesitas atención constante, libertad para moverte y la visión que te hace falta. Si un objeto te tapa la vista o te estorba, no basta con mirar hacia la carretera: antes tienes que recolocarlo.
Un peatón camina hacia la calzada mirando en otra dirección. Aún no ha bajado de la acera. ¿Qué interpretación te ayuda a anticiparte?
¿Por qué no reaccionas siempre igual?
Ante un imprevisto, tu tiempo de reacción suele ser de 0,75 segundos, aunque depende de tus reflejos, tu estado y el entorno.
Ejemplo: sigues a un coche y se encienden sus luces de freno. Tardas un momento en darte cuenta y en llevar el pie al pedal. Durante ese momento tu coche no se detiene: sigue avanzando, y cuanto más tardas en reaccionar, más espacio recorres sin haber empezado a frenar.
Vuelves por una calle conocida después de un día agotador. Reconoces cada cruce, pero conocer la ruta no elimina la fatiga, es decir, el cansancio. Esta puede hacer que tardes más en responder a un imprevisto.
También pueden aumentar ese tiempo el sueño, las enfermedades, algunos medicamentos, el alcohol y las drogas. Influyen además la edad avanzada, ver u oír mal, comer mucho antes de conducir, el exceso de calor dentro del coche, un estado de ánimo alterado y la falta de atención.
Por eso no debes contar con una respuesta siempre igual al planear tu conducción.
Ejemplo: sales de una discusión y sigues pensando en ella mientras conduces. Esa alteración del ánimo puede perjudicar tu concentración. Tienes que estar en condiciones de controlar el vehículo durante todo el trayecto.
Los efectos concretos se desarrollan en alcohol y conducción, drogas y medicamentos y fatiga, sueño y distracciones. Aquí la idea es aplicarlos al margen que necesitas para responder.

¿Basta con circular por debajo del límite?
Entras en una curva y los árboles ocultan la continuación de la carretera. Aunque vayas por debajo del límite permitido, no puedes elegir tu velocidad suponiendo que todo lo que no ves está libre.
Todo conductor debe respetar los límites y adaptar la velocidad para poder detener el vehículo dentro de su campo de visión, el espacio que alcanza a ver, y ante cualquier obstáculo que pueda presentarse.

Para elegir esa velocidad cuentan tus condiciones físicas y mentales, la vía, el estado del vehículo, su carga, el tiempo atmosférico, el ambiente y el tráfico. El límite no sustituye esa valoración de lo que ocurre en ese momento.
Al acercarte a un lugar de visibilidad reducida debes circular a velocidad moderada y detenerte si las circunstancias lo exigen. La lección de velocidad adecuada, moderada y mínima amplía estos casos.
La niebla te deja ver menos carretera que antes. El límite no ha cambiado. ¿Qué referencia necesitas para ajustar tu marcha?
¿Qué haces al acercarte a un autobús parado?
Te aproximas a un autobús detenido y no ves bien lo que hay delante de él. Debes moderar la velocidad al acercarte, principalmente si es de transporte escolar, y parar si las circunstancias lo requieren.
La precaución no empieza cuando alguien ya está delante del vehículo. También hay que actuar cuando sea razonable prever que un peatón entre en la parte de la vía que utilizas. Lo mismo ocurre ante la presencia previsible de animales.
Todo conductor debe cuidar de no poner en peligro a los demás, especialmente a los usuarios más vulnerables. Al aproximarte a otros usuarios, adopta las precauciones necesarias, especialmente con niños, personas mayores, personas ciegas, con discapacidad o con problemas de movilidad.
¿La respuesta consiste siempre en frenar de golpe?
Imagina una caja caída en tu carril, todavía lejos. Como la has detectado pronto, no tienes que decidir de golpe: puedes reducir la velocidad, frenar o cambiar la trayectoria, es decir, el recorrido del vehículo.

Qué respuesta eliges depende de lo que ves alrededor. Si por el carril de al lado va una moto o un ciclista, desviarte crearía otro peligro. Si el espacio de al lado está libre y lo ves bien, cambiar el recorrido puede ser una opción.
Cambiar la trayectoria no es una autorización para dar un volantazo hacia donde no has mirado: debes conservar el control del vehículo y no poner en peligro a los demás.
Una caja ha caído en tu carril, todavía lejos, y por el carril de al lado circula una moto. ¿Qué decisión te permite elegir mejor tu respuesta?
¿Qué margen necesitas si el de delante frena?
Sigues a otro vehículo y empiezas a circular por un pavimento deslizante. Mantener la misma velocidad no significa que el espacio anterior siga siendo suficiente: debes tener en cuenta las nuevas condiciones.
Todo conductor de un vehículo que circule detrás de otro debe dejar espacio para detenerse sin colisionar si el primero frena bruscamente. Cuentan la velocidad, la adherencia, que es el agarre entre los neumáticos y el suelo, y las condiciones de frenado.

Existe una excepción: los conductores de bicicletas pueden circular en grupo sin mantener esa separación, extremando la atención para evitar choques entre ellos. Esa excepción no se extiende a un grupo de coches que viajan juntos.
La separación permite responder a una frenada del otro; no depende de que esperes que frene. Amplía esta regla en distancia de seguridad y frenado.
Viajas con varios amigos en coches distintos hacia el mismo destino. ¿Cómo debes seguir al coche de tu amigo?